ARCHIVO DE NOTICIAS: UNIVERSIDAD NACIONAL DE PIURA
PIURA
2008_SEPTIEMBRE_27_Sábado
Diario: CORREO
Pág. ZZ
 

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La técnica del rehén

Opinión

La imaginación no les da para más, el chantaje es el único recurso con el que los huelguistas saben comunicarse con sus empleadores, en este caso con el Gobierno que maneja los recursos del Estado. Hoy leerá usted que, por ejemplo, los administrativos en huelga de la Universidad Nacional de Piura llegaron a un acuerdo. Cien soles trimestrales van a permitir que miles de estudiantes no vean afectado su plan de vida interrumpido, cada cierto tiempo, por cada uno de los estamentos universitarios.

En este plan, si se pusieran de acuerdo docentes, administrativos, obreros y universitarios, en desarrollar huelgas consecutivas, bien podría no haber clases todo el año. Sería lo mejor, puesto que de esta manera nadie iría a estudiar a un lugar donde la mayor parte del tiempo la institución permanece paralizada.

Y lo mismo debería ocurrir en salud, donde también los diversos gremios médicos, enfermeras, auxiliares, empleados de administración, etc., suspenden los servicios porque deben "arreglar" a las buenas o a las malas, sus necesidades salariales. No entremos a consideraciones éticas donde, claro está, muy diferente es abandonar las aulas a abandonar una sala de operaciones.

Ninguna huelga de esta naturaleza goza de la simpatía de los ciudadanos porque éstos son la razón de existir de tales servicios públicos. Poco nos interesa que le malogren la fiesta al Gobierno, cuyos miembros de seguro no se atienden en postas médicas u hospitales del Estado, y cuyos hijos quizá estudien en universidades particulares.

Lo peor del asunto es que nos gustaría apoyar a todos los huelguistas, porque ellos ?como todos los peruanos- necesitan de mejores remuneraciones, mejores condiciones laborales, infraestructura, etc., etc., pero ¿cómo hacerlo si para defender sus intereses propios causan daño a quienes son absolutamente ajenos y no tienen ninguna culpa?

Bueno sería que le hagan problemas a los gobernantes, a quienes en todo caso tienen en su mano la decisión de invertir más en ellos, pero en todos los casos la escena se parece a la del asaltante con el rehén, que lo toma del cuello con un cuchillo en la mano, y pasa la lista de requerimientos y exigencias para dejarlo en libertad.

 

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